¡Willy selección!, ¡Willy selección!, ¡Willy selección! Con ese cántico lleno de júbilo despidió el malaguismo a sus guerreros blanquiazules antes de la cita de Oporto y ese mismo grito resume perfectamente lo que fue el encuentro de ayer en Martiricos con el meta argentino como héroe y gran estrella del Málaga para rescatar los tres primeros puntos de 2013 en La Rosaleda.Los vítores malaguistas desde la grada bien podían haber sido acompañados desde la megafonía con un bonito tango. Y es que ayer, el Málaga fue más Gardel que nunca con Willy bajo palos y Saviola como matador. Dos estrellas argentinas que indican el camino a Oporto con su mejor nivel.
Siempre se ha dicho que el fútbol vive de los goles. Que la salsa que endulza cada partido se esconde en cada balón que besa la red. En ésas, Saviola fue artista y acertó a meter el esférico en la meta de Raúl. Pero sin lugar a dudas, Caballero fue el héroe, el que se llevó todos los aplausos con su perfecta exhibición de paradas.
El meta argentino fue ayer todo un coloso. Ni por arriba ni por abajo ni por sorpresa ni con fuerte disparo. Nada, fue imposible para los hombres del Athletic superar al grandísimo portero malaguista. Al «13» blanquiazul, vestido de verde, sólo le faltó marcar un gol y dar la vuelta de honor. Es decir, que completó un partido perfecto para un guardameta.
Con este titán bajo palos, el Málaga aprendió a sufrir ante las numerosas acometidas del Athletic. El conjunto de Bielsa es un rival indescifrable. Hace sólo meses había asombrado a media Europa con su fútbol vertiginoso y cargado de intensidad. Pero ahora los resultados no acompañan, las ventas en verano, la «pelea» con Llorente y las lesiones esconden el verdadero potencial de este equipo, que es mucho.
Es por eso que la victoria cobra muchísima importante. Primero porque acaba con la mala racha de partidos en casa en este 2013. Daba la sensación de que La Rosaleda se había convertido en la casa de Cáritas, que regala puntos a todo el que la visitaba, pero ayer quedó claro que esa premisa ya forma parte del pasado.
Ahora el Málaga se mantiene cuarto, le mete un buen puñado de puntos a sus rivales directos por colarse en puestos Champions y se puede «distraer» con la Liga de Campeones. El calendario requiere ahora máxima atención en la competición europea y el equipo de Pellegrini no lo va a desaprovechar.
Partido trampa
Desde luego, el partido de ayer era un choque que guardaba muchas trampas. Si el Málaga no ponía sus cinco sentidos en el duelo con los vascos, lo acabaría pagando. Pellegrini, con buen criterio, realizó cambios en su plantilla. La batalla de Do Dragao requiere contar con los mejores y el chileno no quería sorpresas de última hora. Es por ello que entró de inicio Piazón, Lugano o Portillo para dar refresco a hombres como Joaquín, Toulalan, Iturra o Demichelis.
La intención era cerrar cuanto antes el partido para comenzar a preparar el duelo de octavos de final de la Liga de Campeones. Pero una cosa es decirlo y otra hacerlo.
El málaga salió enchufado. Un buen Isco, un participativo Baptista y un eléctrico Piazón llevaban la batuta. Del Athletic, poco se sabía en ataque salvo algunas acciones esporádicas.
Un disparo lejano de Antunes –da la impresión de que el Málaga ha acertado al cien por cien con el luso– y un cabezazo de Weligton fueron la antesala del gol. Piazón llegó hasta la línea de fondo, la puso atrás y Saviola no perdonó. Demasiado fácil...
El primer protagonista argentino de la tarde hacía acto de presencia. Pero su papel, aunque importante, no dejaría de ser secundario con el paso de los minutos y con la consecución de las escenas. A raíz del gol, el Málaga dio un destacado paso atrás. Puede que fuera inconscientemente. Dejó de llevar el peso del partido, de dominar cada jugada e incluso de presionar a la zaga del Athletic. El Málaga comenzó a pensar en Oporto, a recrearse en su cita del martes y en especular con sus fuerzas. Los blanquiazules se olvidaron de Raúl y comenzaron a mirar a Willy Caballero. Pero no fue, ni mucho menos, un error.
Tiene la fortuna el Málaga de contar con un porterazo, con un jugador que marca las diferencias. Para un guardameta, que suele vivir de los errores más que de los aciertos, elevar su actuación a los altares es como concederle el mejor de los trofeos posibles.
Pero cualquier reconocimiento hoy a Willy «paralotodo» Caballero es quedarse corto. Comenzó su actuación estelar con una doble parada demostrando sus dotes felinas en un tiro desviado que paró con los pies y otro a bocajarro detenido con gran acierto. Al descanso se fue el Málaga ganando y el Athletic rumiando lo que Caballero le había parado. Aún le quedaba lo mejor.
La segunda mitad también fue simplona, casi al relentí. El Málaga no arrancaba aunque Isco y Piazón tuvieron en sus piernas sentenciar el duelo de una vez por todas. Fallaron delante de Raúl, que no quiso ser menos que Willy.
Pero el paso de los minutos encaminaba el duelo al precipicio, a decidirlo por pequeños detalles. Y en las distancias cortas, Willy convence. Primero paró un tiro seco y duro a Ibai al primer palo. Luego otro disparo cruzado al mismo actor cuando se mascaba el gol. Y por último, también a Ibai, sacó a una mano una falta que iba a la misma escuadra.
La galopada de Joaquín que falló un mano a mano con Raúl quedó en mera anécdota porque para entonces, Caballero ya era el dueño y señor de las ilusiones malaguistas de ayer, de hoy y del próximo martes en Oporto.
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